ARBOLEDA DE MACANAZ (ZARAGOZA)


Todo zaragozano que se precie conoce el parque o arboleda de Macanaz, ese gran espacio verde que va desde el puente de Piedra hasta el centro deportivo Helios, desde donde se puede contemplar la singular imagen de la basílica-catedral de El Pilar y el río Ebro. También quizá sea del conocimiento de muchos que, justo al lado del parque, existe una gran fosa común en la que están enterradas entre 10 y 15.000 personas caídas en el 2º Sitio de Zaragoza (1809) durante la guerra de la Independencia, sobre todo, los que murieron del tifus que se propagó durante la contienda. El motivo fue el siguiente, los franceses, una vez que se apoderaron de la ciudad,  al estar ya repletos los fosales de las iglesias, realizaron un gran agujero en la huerta de Santo Domingo (en la actual manzana comprendida entre el Paseo Echegaray y las calles de Ramón Celma y de Santa Lucía) y otra, aún mayor, en el arrabal, en la salitrería de Macanaz, junto a la arboleda del mismo nombre,  en el espacio triangular actual delimitado por la avenida de los Pirineos, y las calles de Garcia Arista y Arquitecto Aguilera,



Este cementerio se descubrió en el periodo del mandato municipal de  Gómez Laguna, pero, después de fotografiarse con una calavera,  mandó que lo cubrieran de nuevo y puso un semáforo para localizar el lugar. Ahora bien, ¿sabéis de dónde procede el nombre del parque? Pues de un señor  de Hellín (Albacete) que recaló por Aragón durante la guerra de Sucesión siendo nombrado intendente (gobernador) de Aragón y unos cuantos cargos más. Melchor de Macanaz (en la imagen), que así se llamaba el ínclito personaje, fue uno de los artífices de las medidas que doblegaron la personalidad político-jurídica de Aragón, es decir, que participó en la derogación de los fueros ordenados por el primer  Borbón Felipe V  durante la guerra de Sucesión. Macanaz, que se creía todopoderoso,  cayó en desgracia al enfrentarse al primer ministro Alberoni y al Inquisidor General, es decir, a la Iglesia, pues era partidario de la intervención del Estado en asuntos eclesiásticos, lo que le ocasionó un juicio  de los que practicaban los dominicos y  viendo el cariz que estaban tomando las cosa, una huida  a Francia. Volvió a España al cabo de los años  y fue encarcelado en el lúgubre y húmedo castillo de San Antón de La Coruña. Tras 12 años preso, cuando Carlos III llegó a España para ocupar el trono, fue liberado y ya, casi moribundo debido a las condiciones a las que había estado sometido, se trasladó a su lugar de nacimiento hasta su fallecimiento a los 90 años.


Lo que no se explica es, como se mantiene el nombre de Macanaz a este parque después del daño que hizo a los aragoneses. Ahí lo dejo.

J.I.D.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es una muestra de lo poco que se conoce la Historia en este país.