LA VISITA DE CARLOS IV A ZARAGOZA

Carlos IV (Goya)

Carlos IV y parte de su numerosa corte llegaron a Zaragoza el 23 de agosto de 1802. Su destino, sin embargo, era Barcelona, donde acudía para asistir a la boda del infante Fernando (más adelante Fernando VII) con la joven Mª Teresa de Nápoles a celebrar el 4 de octubre del año mencionado arriba.
La estancia se prolongaría hasta el 2 de septiembre y la familia real se alojó en el palacio arzobispal, mientras que los ministros y otros acompañantes lo hicieron en diversas casas de la ciudad, mientras que los soldados se alojaron en los cuarteles, salvo la Guardia de Cors.
La ciudad celebró la visita con grandes fastos, corridas de toros, teatro y jornadas de caza -su padre, Carlos III era apodado "El Cazador" y había enseñado la ténica a su hijo (los Borbones siempre pegando tiros)-.

A las tres de la madrugada del día 30 salió el rey desde Zaragoza acompañado de un séquito compuesto por los ministros de la Guerra y de Hacienda, y varios miembros de la nobleza, como el duque de Osuna, pues quería visitar las obras del Canal Imperial. Hizo parada en Gallur, Mallén, donde le montaron un par de cacerías cobrando muchas piezas (perdices) y un gran agasajo, luego llegó a Tudela, pernoctando en el palacio del marqués de Duarte. A la mañana siguiente, Carlos IV se dirigió hasta El Bocal para ver las instalaciones del Canal Imperial. Allí subió a una barca para continuar su viaje hacia Zaragoza. Al entrar en la tierras de Aragón, los cajeros del canal estaban llenos de gentes que le estaban esperando, y recordó la estupenda jornada de caza del día anterior en Mallén. El rey paró en Pedrola para comer en el palacio de la duquesa de Villahermosa, y por la tarde prosiguió el viaje hasta Zaragoza, donde le esperaba la reina María Luisa y su familia.

La condesa de Chinchón (Goya)

Es muy posible que una de las visitas que recibiera sería la de la condesa de Chinchón Mª Teresa de Ballabriga, viuda del infante Luis de Borbón que, tras la muerte de su marido en 1785, unos años más tardehabía regresado a su ciudad natal tras ser tratada de malas maneras por su cuñado Carlos III -no le permitió llevarse a sus tres hijos, poniéndolos bajo la tutela del arzobispo de Toledo-. Carlos IV, enmendó a su padre y le dio una renta de 50.000 ducados anuales, además de poder ver a sus hijos, regresando a Zaragoza con su hija pequeña . Teresa vivió a su llegada en casa de la marquesa viuda de Estepa, para luego, ocupar el palacio de Zaporta donde se encontraba el patio renacentista conocido como Patio de la Infanta, aportando ella  una magnífica colección de obras de arte. Durante la guerra de la Independencia huyó a Mallorca y, al regresar, ocupó una casa cerca de la Puerta Cinegia.

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