Los nombres de lugar o topónimos presentan, a veces,redundancias. Pongamos por caso el Fujiyama , en Japón. Si decimos “monte Fuji”, bien. Si decimos solo Fujiyama, bien también. Pero si decimos “monte Fujiyama”, dado que yama significa ‘montaña’ en japonés, resulta que estamos diciendo el “monte Monte Fuji”. Repetición inevitable, dada la mezcla de idiomas.
Eso pasa a menudo en los topónimos que funcionan como fósiles de la lengua que se hablaba antes en un territorio, de modo que conservan palabras que no tienen sentido en la lengua actual y que producen redundancias curiosas. Es lo que pasa con todos los ríos del sur de la península Ibérica que empiezan por guad- (Guadiana, Guadalquivir , Guadalete ...). En la lengua árabe, guad significa ‘río’, por lo que cuando decimos “el río Guadiana” estemos diciendo dos veces río.
Es exactamente lo mismo que acontece con el río Ebro . De la lengua que hablaban los íberos antes de que llegaran los romanos en la Península sabemos poco, quedan escasos vestigios. Sí sabemos, sin embargo, que su gran río, el río de referencia, era el Ebro. Por eso lo llamaban por antonomasia: “el Río”. Y río, en la lengua íbera, era justamente íber, y de íber, nuestro Ebro actual. Por lo tanto, el río Ebro es el río Rio.

1 comentario:
En Aragón muy pocas veces decimos "el río Ebro", normalmente decimos "el Ebro", sin más. Osea, que lo hacemos muy bien.
Pero lo curioso es que el termino "ibérico/a" se ha extendido a toda la península y hablamos del "jamón ibérico" para referirnos al que se produce en la zona cercana a Portugal, muy lejos el Ebro.
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