VERANO GADITANO

Playa de La Caleta, pongamos que de un verano cualquiera. Domingo. Lleno hasta las trancas. Una madre y una hija (Noemí) de unos cinco o seis años sientan sus redaños bajo una sombrilla multicolor. Lotería. Mesitas, tapergüares con bisté empanaos; tortillas de papas y pimientos asaos. Danoninos para la merienda de su hija refrigerándose en la nevera, junto a la sandía, el tinto y La Casera.
Llega la hora en que la niña quiere bañarse. La madre no.
—¿Chiquilla, no puedes esperarte un poco?
—¡No, mamá; quiero bañarme ya!
La pequeña se mete en el agua, tras el silencio de la madre, que la niña ha interpretado como un "sí-puedes-bañarte-solita-y-con-cuidao".
Entra poco a poco. Una olita, dos, tres…
De pronto se oye una voz aguda y enérgica que retumba en cuarenta metros a la redonda:
— ¡Noemiiiiiiií!
— ¡Hasta el chochooooooo!
POSDATA CIENTÍFICA. 'El chocho' era la unidad de medida; el umbral de peligro que la niña no podía sobrepasar; el estándar ordinario de la magnitud física del sistema 'chochogesimal', según el cual: "Todo chocho sumergido en agua tapá, desaloja un líquido caletero que puede 'ajogá' a la chiquilla"; lo que en física cuántica y relativista se conoce por: 'La Constante del Chocho'.

1 comentario:

😉 dijo...

Muy gracioso!!!!😆😆😆😆😆
CMarin