Ayer vi la película "Centurión". Lógicamente, era de romanos y, más concretamente de romanos que luchaban contra los pictos en la actual Escocia en tiempos del emperador Adriano (S. I y II d.n.e.) y que, como sabréis, era de origen hispano (Itálica), aunque hay cierta controversia con su nacimiento, pues, según algunos (historiadores ingleses, sobre todo), optan por Roma como ciudad de su nacimiento. Yo particularmente y, después de haber leído un poco a Alicia Mª Canto de la UAM, me inclino por la ciudad hispana situada en la Bética, próxima a Híspalis (Sevilla). Pero vayamos al grano.
En varias películas de este género ("Ben Hur", por ejemplo) los jinetes romanos portaban estribos en sus caballos, un anacronismo garrafal, pues como expongo abajo, la invención de esta pieza no llegó a Europa hasta siglos más tarde.
Alrededor del 200 a.n.e., en China, la dinastía Qin empezó a construir una gran muralla. Miles de Kms. de frontera fueron protegidos para defenderse, sobre todo de pueblos altaicos y, más en concreto, de las hordas de los Hiung-nu (hunni para los romanos y hunos, para nosotros). Ante este imponderable, a estos asiáticos centrales no les quedó otro remedio que desplazarse hacia otros derroteros. Lo intentaron hacia la India, pero allí había otra muralla, esta vez natural y de más envergadura, el Himalaya, que les impidió el avance. Los hunos optaron entonces por dirigirse hacia el oeste y llegaron a las fronteras orientales de los ostrogodos (godos de oriente).Tanto griegos como romanos habían basado su ejército en la infantería y, algo, en la caballería, pero ésta no era segura en el combate pese a la superioridad, pues el jinete podía caer con facilidad en cualquier giro inesperado; servía, por tanto, de apoyo a la infantería, que en el caso romano era de lo más efectiva. Pero entonces, aparecieron unos hombres bajitos montados en unos pequeños caballos robustos y peludos y, lo que es más importante, portaban unos artilugios para sujetarse heredados o copiados de los chinos. Durante siglos, habían perfeccionado la técnica y de la silla de montar pendían unos eficientes posapiés metálicos (estribos) que facilitaban la maniobrabilidad y los jinetes podían sujetarse con comodidad y disparar flechas a diestro y siniestro. Hasta entonces, lo nunca visto. Los hunos vencieron sin dificultad a los ostrogodos, se apropiaron de sus tierras y los asimilaron. Llegaron, posteriormente al río Dniéster y derrotaron a los visigodos. Estos se vieron obligados a pedir permiso de entrada a los romanos para protegerse y unos 80.000, sobre el 375 d.C., cruzaron la frontera del Imperio. Pero esto es otra historia.
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