La sociedad estadounidense presumía de avanzar para mejorar y conquistar sus metas. Sus diferencias les unían y hacían bandera y gala de ello. Ahora les enfrentan, dividen y enquistan. Además, estas elecciones han dejado muy clara la focalización y polarización de los votos hacia uno u otro candidato. Los estados del oeste, así como los atlánticos, salvo Florida y alguno más, han dejado meridianamente transparente sus posiciones votando demócrata, mientras los estados centrales, rurales y de menor importancia en votos, se han decantado por los republicanos. Trump ha recibido los votos de la gran mayoría de hombres blancos sin título universitario, de los grupos religiosos, de la clase trabajadora del cinturón del óxido, de los que ven a China como a un enemigo, de las mujeres mayores jubiladas con pequeñas inversiones y de parte de la clase media de la pandemia afectada por el cierre de los negocios. Biden, por su parte, se ha llevado el voto joven, negro, latino, asiático y de otras etnias; además del voto femenino y un 50% del masculino, en su mayoría, los más formados.
Veremos.
J.I.D.

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