Sancho sigue en su ínsula y le entran ganas de comer. Lo llevan a un palacio y lo conducen al comedor donde hay una mesa con grandes platos de comida: perdices y conejos guisados, ternera adobada, "olla podrida", pero un médico allí presente, ordena a los criados que le retiren las viandas, lo que todavía acrecienta más el hambre y la cólera del gobernador que amenaza con dar garrotazos al médico e, incluso, partirle la silla en la cabeza. En esto, llega una carta del duque en la que dice que va a haber una conspiración contra él, que esté alerta y que es conveniente que no coma nada de lo que le ofrecen por si está envenena la comida. Sancho, con muy malas pulgas, accede a contentarse con un trozo de pan y un racimo de uvas.
Mientras Sancho come la poca comida que le permiten comer, aparece un labrador que le comienza a contar su vida. Sancho, después de escucharle, le pregunta qué quiere. Entonces el labrador le pide a Sancho que le dé 600 ducados para poder celebrar la boda de su hijo y una carta para que su futuro consuegro acceda a la boda con su hijo.
Sancho, de nuevo, se enfada tanto al oír esto que coge la silla en la que estaba sentado y amenaza al labrador, que según dice es de un pueblo próximo a Ciudad Real, con rompérsela en la cabeza sin parar de insultarlo.
Mientras, Don Quijote, que lleva varios días sin salir de la alcoba a cuenta de las heridas provocadas por el gato, duerme apaciblemente, pero se despierta al escuchar cómo alguien entra silenciosamente en su habitación. Pensando que es Altisidora, que quiere perturbar su honestidad, se pone de pie encima de la cama cubierto con una colcha amarilla. La que entra es la dueña Rodríguez y, al verse de esa manera, ambos se asustan enormemente. La dueña comienza a contarle a don Quijote su historia, en la cual dice que ella tiene una hija que ha sido seducida por el hijo de un siervo del Duque, el cual le ha pedido matrimonio a la pobre niña. También le dice al caballero que ya le ha pedido con anterioridad al Duque que la ayude, pero éste no le hace caso a la dueña por que este labrador suele prestarle dinero y arreglarle algunos chanchullos.
En un momento de su conversación la dueña comienza a meterse con Altisidora y con la Duquesa. Después de haber dicho esto la dueña se abre la puerta con estrépito y, del susto, se cae la vela y se quedan a oscuras.y una manos fuertes se lanzan al cuello de la dueña y después le arrean una considerable serie de azotes que la dejan toda dolorida. Don Quijote, que está metido en la cama, piensa que él se va a librar, pero en cuanto terminan con la mujer, van hacia el lecho y empiezan a pellizcarlo hasta la saciedad, dejándolo todavía más dolorido de lo que estaba.
(Continuará).

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