DON QUIXOTE EN ARAGÓN (3)

 

D. Quijote y Sancho se alejan del Ebro y ven a un grupo de cazadores de altanería, entre los que destaca una "fermosa" y gallarda señora a la grupa de una yegua blanca (palafrén o hacanea son las palabras que utiliza Cervantes) muy adornada y con una silla de plata, portando un azor en su brazo. Don Quijote envía a Sancho de embajador para que le diga a la dama que el Caballero de los Leones besa sus manos y se pone a su disposición. Allá va el escudero y puesto de hinojos da el mensaje a la bella cazadora del tal caballero mencionado, antes "el de la Triste Figura". La noble dama dice conocer las andanzas y fama del ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha y los invita  a una casa de solariega que tenía cerca -posiblemente Bonavía, donde hoy hay un hotel-restaurante con forma de castillo en la N-232, a la altura de Pedrola-. La duquesa, que ese era el título de la noble señora, llama al duque, su marido, y le cuenta el asunto y ambos, que han leído la primera parte del Quijote, para seguirle el humor, deciden preparar todo lo necesario para tratar a un caballero andante como se merece. Llegan los manchegos ante los duques y, Sancho, al intentar bajar del rucio para coger del estribo a Rocinante para que el caballero descabalgue,  se engancha en la soga de una albarda y cae de bruces y D. Quijote, que cree que el rocín está sujeto, descabalga, pero con tan mala suerte que cae también al suelo, silla incluida, debido a lo mal cinchada que estaba. El duque ordena a sus cazadores que ayuden al malhumorado hidalgo y a su escudero a levantarse y, tras muchas lisonjas hacia la dama, se encaminan todos hacia la casa.

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