La ciudad fue capital del virreinato del Perú, llegando a ser la más importante de la América austral. El propio Pizarro, con varios colaboradores, realizaron el trazado de la urbe y el extremeño colocó la primera piedra de su catedral, construyéndose, también, el palacio virreinal y la Real Audiencia. Tras varios ataques de indígenas opuestos, piratas, inundaciones y terremotos, la ciudad sufrió una transformación en su fisonomía con la aparición de diques de contención, acueductos, murallas defensivas...A mitad del siglo XVIII, el puerto del Callao fue destruido por un terremoto y hubo que reconstruirlo bajo la gobernanza del 30 º virrey José Antonio Manso de Velasco, siendo rey de las Españas Fernando VI.
Quiero destacar que uno de los virreyes del siglo XVIII, el navarro José de Armendáriz, fue la pesadilla del vasco Blas de Lezo y Olaberrieta cuando este desempeñaba sus funciones de controlador de los Mares del Sur. El pamplonés, por ciertas discrepancias, dejó de pagar a D. Blas su sueldo, lo que motivó que el marino pidiese el traslado a la península, llegando a Cádiz con su familia criolla y un esclavo llamado Antonio Lezo en 1730 -otro día os comento la estancia de Lezo en Lima-. Años más tarde, le serían ingresados todos los emolumentos que se le adeudaban..
En 1821, San Martín declaró la independencia del Perú.

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