VIGILANCIA

 

(Foto: Teo Cardoso Alcántara)

“¡Quillo, vamos a ir a las escaraguaitas de la Alameda!” le dijo el “Pirri” al “Potro” mientras apuraban la compra de una cerveza y dos bocatas de mortadela. ¡Qué poco gaditano suena eso! Es-ca-ra-guai-ta. Con lo bonito que esta eso de sentarse en la Alameda (Apodaca, marino nacido en Cádiz en 1754 y virrey de Nueva España) y disfrutar del fresquito y de las garitas. Pero es que todo tiene su nombre y en Cádiz para colmo todo suena a guasa o cachondeo. Aunque ese sea su nombre “en verdá”.

Y es que la Alameda lo que tiene son escaraguaitas no garitas. Las escaraguaitas son similares en función a las garitas, a saber, puestos de vigilancia. La diferencia es que estas “garitas” se sitúan siempre voladas sobre el flanco de la muralla. Es decir, por fuera del piso del suelo. Esto permite que el soldado que este vigilando ahí pueda divisar el flanco de la muralla, ver si esta trepando alguien o qué esta pasando en la línea de tiro que él defiende, mientras las garitas , que son las que están tierra adentro, solo divisan el frente.

Su etimología es difícil de concretar, ya que ni la RAE recoge el término. Pero es una palabra conocida y usada en el glosario de Arte y Arquitectura. Su construcción se realiza en España a partir del siglo XIV por lo que muchas veces, su existencia ayuda mucho para fechar las construcciones. Una vez proliferó la artillería de fuego, estas “garitas” pasaron a tener un uso mas decorativo que defensivo y servían para dar cobijo a los centinelas, que prácticamente no podían ni sacar el fusil por la aspillera de observación.

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