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Desde el mismo momento de su descubrimiento, acaecido en agosto de 1897 en los terrenos que el doctor Manuel Campello poseía en la Loma de la Alcudia (Elche), esta obra de arte empezó a sufrir una serie de traslados. A los 12 días de su hallazgo se realizó una oferta de compra por parte del arqueólogo Pierre Paris para el Gobierno Francés, institución que finalmente la adquirió, por ese motivo esta pieza estuvo expuesta durante décadas en el Musée du Louvre (París).
Tras el estallido de la II Guerra Mundial, por razones de seguridad, fue trasladada desde el
Musée du Louvre
al Castillo de Cheverny; y con la expansión alemana por Francia, pasó a custodiarse después en el castillo de Montauban, situado al sur del país. En esta ciudad, cercana a Tolousse, se concentraron las obras que, en virtud del Acuerdo firmado entre el Gobierno de Franco y Petain, regresaron a España el 8 de febrero de 1941. El 10 de febrero de 1941 llegaba a Madrid junto con el Tesoro de Guarrazar y otras piezas arqueológicas.Lo que más nos puede llamar la atención es que el busto de La Dama de Elche era una escultura que estuvo completamente policromada en sus orígenes, aunque en la actualidad apenas se aprecian restos visibles. A día de hoy, la pieza aún genera mucho debate, ya que se piensa que seguramente formase parte de una escultura completa en pie o sentada (como la Dama de Baza); y tampoco sabemos ni a quién representa esta figura, ni para qué servía la oquedad que se conserva en su espalda, lo que hace pensar a los investigadores que esta obra podría haberse usado como urna funeraria, es decir, que hay una alta probabilidad que no fuese una simple escultura sino que cumpliera las funciones de tumba.

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