De camino a Zaragoza, Don Quijote, que se ve en la campaña rasa, libre y desembarazado de los requiebros de Altisidora, le parece que está en su centro y que los espíritus se le renuevan para proseguir con sus andanzas caballerescas. Se vuelve hacia Sancho y le dice:
—"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres".
Siguen hablando sobre su estancia con los duques y, al poco, se encuentran a unos labradores que están descansando en el campo. Junto a ellos hay algo tapado con sábanas. Don Quijote al verlo se interesa por lo que es y los labradores, gustosamente, le cuentan a don Quijote que son imágenes de santos que llevan a una iglesia que están haciendo. Don Quijote al enterarse de que todas esas imágenes son de santos caballeros pide que se las enseñen y empieza a contar la historia de cada uno de ellos: San Jorge y el dragón, San Martín y la manta, Santiago, al que él llama San Diego Matamoros y San Pablo cuando cae del caballo. Sancho queda admirado de la sapiencia de su amo y prosiguen su camino.
Don Quijote considera esta pequeña aventura como una buena señal, mientras que Sancho cree que es la aventura más simple que hasta el momento han tenido.
Después de estos pequeños comentarios, Don Quijote y Sancho comienzan a hablar del amor y de Altisidora. Sancho dice que no entiende cómo Altisidora se puede enamorar de un hombre como Don Quijote ya que él no ve en él suficientes argumentos como para cautivar a una dama. Don Quijote, cuando oye esto, dice que en ocasiones el único motivo para enamorar es no espantar y que él no espanta a nadie, y que además tiene muy buenas virtudes morales.
(Continuará).

No hay comentarios:
Publicar un comentario