Jeanne y Luis vivieron durante ocho años un noviazgo a la antigua usanza; en su transcurso, Buñuel daría muestras del machismo y los celos que presidirían, a partir de entonces, la vida de la pareja. Prohibió a Jeanne hacer gimnasia y ballet por considerar vergonzoso que se exhibiera ligera de ropa; también se negó a que continuara las clases de piano porque no soportaba que tocara para otro hombre, incluso el piano que Jeanne poseía, obsequio de Jeannette Aloriza, Buñuel se lo cambió a la hija de los Mantecón en una noche loca por tres botellas de champagne -de ahí los de "una mujer sin piano"-. Muchos años después, en una entrevista, el director cinematográfico reconocería que, pese a considerar a las mujeres “siempre superiores al hombre“, él prefería que la suya permaneciera en casa “con la pata ligeramente rota“. Sorprendentemente, Jeanne, mujer cultivada que había gozado de relativa libertad hasta ennoviarse con el cineasta, renunció, por amor, a sus aficiones y sueños y accedió a ser, exclusivamente, la abnegada novia primero y esposa después, de Luis Buñuel.
Se casaron en 1934 y, por deseo de Luis, no se avisó a la familia. En París nació el primer hijo, Juan Luis; el segundo, Rafael, en Estados Unidos. A Jeanne le hubiera gustado tener una hija, pero el planificador Buñuel consideró que dos hijos eran suficientes y Jeanne, siempre obediente, jamás le planteó su deseo de aumentar la familia.
Instalados en México a partir de 1946, Jeanne continuó siendo la mujer relegada, con horario restringido para salir fuera de la casa y cuyos únicos desvelos se remitían a ocuparse del hogar y del bienestar de su marido y sus hijos. “Yo no podía recibir a nadie. Luis, como buen español, me escondía de todo aquel que no fuera paisano suyo. Yo era su consentida, la niña que tenía aparte, y me guardaba así. Nunca me hablaba de política; nunca me hablaba de nada: la casa, los niños y nada más […] Él era gentil conmigo, me cuidaba, me supo amar. Nunca pensé en divorciarme… Era celoso, dominante… pero también tierno, con sentido del humor y alegría.”
Jeanne Rucar Lefevre y Luis Buñuel Portolés se mantuvieron unidos casi sesenta años, hasta la muerte de él, el 29 de julio de 1983. Ella, la mujer que amó pero con la que no compartió ni ideas ni sueños ni decisiones, le sobrevivió, todavía, once años. Siete años después de la muerte de su marido, Jeanne Rucar de Buñuel dictó un libro de memorias a la escritora mexicana Marisol Martín del Campo. Se trata de un libro ameno y lleno de anécdotas donde se desgrana la vida privada de un hombre al que cuesta reconocer como el moderno, transgresor, revolucionario y anarquista director de cine Luis Buñuel.

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