TAL DÍA COMO HOY DE...

              

 1963, era fusilado en Madrid el dirigente del PCE Julián Grimau García. Una vez apresado por la dictadura franquista, se le juzgó en Consejo de guerra, acusado de crímenes durante la guerra civil española en una checa de la ciudad de Barcelona.

Desde su detención el 7 de noviembre de 1962, hasta su ejecución, Grimau fue torturado e, incluso, lanzado por una ventana hacia el patio interior de la antigua Delegación de Seguridad del Estado situada en el edificio de Correos, actual sede del Gobierno madrileño en la Puerta del Sol. El propio Fraga Iribarne negó las torturas y, por supuesto, la defenestración alegando que fue el propio Julián el que, inexplicablemente, se subió a una silla y se lanzó al vacío.

Todo el juicio fue una farsa, hasta el propio fiscal Fernández Martín no lo era en realidad,  alegaba que durante la guerra habían desaparecido sus credenciales, después se supo que no había estudiado la carrera y fue condenado. El abogado defensor, el teniente Rebollo Álvarez-Amandi, si era de los pocos militares que tenían el título por aquella época, pero poco pudo hacer. La sentencia de Grimau estaba escrita desde el principio y, aunque no había pruebas fehacientes de los hechos, fue condenado a muerte.

Pese a los más de 800.000 telegramas pidiendo el indulto, manifestaciones y la intervención de varios países y personalidades como el papa Juan XXIII o el mismísimo  líder ruso Nikita Jrushchov, Fraga Iribarne se encargó de divulgar los más crueles crímenes cometidos por Grimau. Ante la presión, se reunió el Consejo de Ministros y, salvo un par de titubeos, Franco hizo que se votase y, por supuesto la condena no se conmutó.

En la madrugada del día 20 de abril de 1963, un pelotón de soldados de reemplazo (la Guardia Civil se había negado a que sus hombres formarán parte del fusilamiento, al igual que la oficialidad del ejército, así que fue Franco quien decidió que fueran unos inexpertos soldados que, pese a disparar 27 veces, dejaron a Grimau con vida, siendo el teniente que dirigía el pelotón el que lo rematara con dos tiros en la cabeza. Fue enterrado en el cementerio civil de Madrid.

Julián Grimau fue la última persona procesada y condenada en España como consecuencia de la guerra. La razón de ello es que, probablemente, el régimen quiso dar una lección a la oposición en un momento en el que existía una ola de alta conflictividad social y política.

La figura de Grimau fue rehabilitada tras la llegada de la democracia.

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