Josemari, en su constante ir y venir por tierras aragonesas, se acercó recientemente al barrio zaragozano de Torrero-La Paz y, por supuesto, realizó un reportaje fotográfico prodigándose en la antigua prisión. Con la ayuda de la wiki, otras webs y alguna que otra aportación por mi parte, he confeccionado este pequeño texto sobre la lúgubre institución penitenciaria.
La prisión de Torrero, así llamada por su ubicación en el barrio zaragozano de Torrero, fue la principal prisión de la provincia de Zaragoza desde su inauguración como cárcel provincial en 1928 y su sustitución por la prisión de Zuera en 2005.
Fue durante ese tiempo testigo del siglo XX en Zaragoza, siendo un elemento clave en la vida del barrio, escenario de la represión franquista durante y después de la Guerra civil y. finalmente. un tema de polémica entre movimientos sociales como el movimiento insumiso en España.
La cárcel fue planeada a principios del siglo XX para reemplazar a la colapsada prisión de la calle Predicadores. El dictador Miguel Primo de Rivera inauguró la cárcel, con una capacidad inicial de 160 personas, en octubre de 1928. Estuvo en esa primera etapa vinculada a la represión de los movimientos revolucionarios y anarquistas que habían poblado el inestable periodo político de la España de principios de siglo.
Durante la Guerra, fue el escenario de ejecuciones de presos por garrote vil. Miles de presos fueron ejecutados en las tapias del cercano cementerio, como reflejan los escritos del capellán de la cárcel, Gumersindo de Estella. Dichas memorias no pudieron ser publicadas en la época por presiones del gobierno español y de la Iglesia Católica, siendo recuperadas en 2003 por el ayuntamiento de la ciudad como Fusilados en Zaragoza, 1936-1939. Tres años de asistencia espiritual a los reos. Gumersindo registró como veía:
Fue durante ese tiempo testigo del siglo XX en Zaragoza, siendo un elemento clave en la vida del barrio, escenario de la represión franquista durante y después de la Guerra civil y. finalmente. un tema de polémica entre movimientos sociales como el movimiento insumiso en España.
La cárcel fue planeada a principios del siglo XX para reemplazar a la colapsada prisión de la calle Predicadores. El dictador Miguel Primo de Rivera inauguró la cárcel, con una capacidad inicial de 160 personas, en octubre de 1928. Estuvo en esa primera etapa vinculada a la represión de los movimientos revolucionarios y anarquistas que habían poblado el inestable periodo político de la España de principios de siglo.
Durante la Guerra, fue el escenario de ejecuciones de presos por garrote vil. Miles de presos fueron ejecutados en las tapias del cercano cementerio, como reflejan los escritos del capellán de la cárcel, Gumersindo de Estella. Dichas memorias no pudieron ser publicadas en la época por presiones del gobierno español y de la Iglesia Católica, siendo recuperadas en 2003 por el ayuntamiento de la ciudad como Fusilados en Zaragoza, 1936-1939. Tres años de asistencia espiritual a los reos. Gumersindo registró como veía:
a los reos caminando hacia la tapia, de madrugada, dando tumbos, rotos, enloquecidos, llenos de furor, sus ojos desorbitados, como carne de fusil. Oímos sus gritos desesperados y sus ayes, sus respiraciones fuertes, su estertor.
Durante la dictadura del despiadado Franco, pasaron por sus celdas destacados dirigentes y simpatizantes políticos, sindicalistas, maquis y homosexuales.
En los años noventa, los insumisos fueron los protagonistas de otra lucha que llevó hasta esta cárcel a decenas de ellos. Especialmente mediática fue la muerte de Enrique Mur en su celda, sin el puntual socorro correspondiente y que ocurría tras denuncias de varios colectivos sobre las precarias condiciones sanitarias en la prisión.
El edificio en sí fue abandonado tras demoler parte de las edificaciones en el 2005 y fue "okupado" y reconvertido en un centro social en el que se realizan actividades socioculturales alternativas y abiertas para todo el barrio, siendo renombrado por algunos colectivos en honor de Enrique, "Kike", Mur Zubillaga. El colectivo y las actividades que realizan cuenta con un apoyo mayoritario de las asociaciones de vecinos del barrio, no obstante otros sectores critican el riesgo de ruina del edificio, las molestias a los vecinos o el carácter radical del colectivo okupa.

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