LAS FIESTAS FRANQUISTAS


 La dictadura franquista nunca pretendió una reconciliación, ni política ni social, una vez acabada la Guerra Civil. Al contrario: impuso su victoria a todos y no demostró clemencia ni compasión hacia los vencidos y sus familias.

Esta fue una constante en todas las ostentosas celebraciones públicas de sus conmemoraciones.

Así pues, en dichos actos propagandísticos la verdad histórica era tergiversada, hasta el punto de convertir un violento levantamiento militar contra el gobierno democrático y legítimo de la República -y que resultó ser la causa de una cruenta guerra civil-, en un acto heroico y altruista ejecutado, siempre según la versión oficial, sólo pensando en el presunto beneficio de la población.

Una población que, de una manera u otra, estaba obligada a participar en dichas celebraciones: desde la paternalista "paga doble" del 18 de Julio, ciertamente bienvenida en tiempos de penuria, hasta los toques de las sirenas de fábricas y comercios, pasando por desfiles, himnos, misas y toda suerte de liturgias glorificadoras de la figura del dictador.

Todo ello en el curso de conmemoraciones oficiales como la de la Liberación de la ciudad, el Día de los Caídos, del Caudillo, de la Provincia...

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