No se os ocurra comprar una cocina en IKEA. La descoordinación es total. Funciona con subcontratas y, por tanto, una empresa te trae los muebles; al día siguiente, después de llamar doscientas veces, logramos que viniesen a desmontar la antigua. Sacaron todos los muebles al rellano y ahí estuvieron un día y pico hasta que otra empresa vino a recogerlos. Al montarla, faltaban puertas de los armarios, el marmolista no apareció -ni ha aparecido todavía- para las mediciones; después, vete tú a saber cuando traerá la encimera.
Al dejarnos sin vitro ni fregadero, tenemos que comer en los bares de la zona y, por la noche, nos arreglamos con ensaladas y fiambres. Menos mal que funciona el microondas. Una experiencia que no se la deseo a nadie.
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