ANÁLISIS DE CÁNDIDO MARQUESÁN


Llama extraordinariamente la atención, por lo menos a mí, que nuestro alcalde de Zaragoza, Jorge Azcón, sea presentado a nivel mediático, con alguna excepción, como paradigma de liderazgo político. Y este hecho va calando como el agua fina entre los zaragozanos. La prensa periódica es el mejor lubricante en la máquina política. Tanta sobredosis de alabanzas nos lleva a pensar que, en la historia de nuestro ayuntamiento, va haber un antes y un después. ¡Qué difícil es encontrar alguna crítica mediática a su actuación política! ¿Ha cometido algún error? Si observamos los informativos de Aragón Televisión –¿es un medio de comunicación pública?– su presencia además de permanente, siempre es positiva. Mucha foto. Mucha crítica a Sánchez. Su gabinete de prensa funciona como una máquina perfectamente engrasada. Aparecen encuestas, ya sabemos que son interesadas, que nos vaticinan una mayoría absoluta más que sobrada. Tanto es así, que las próximas elecciones municipales serán irrelevantes. ¿Reaccionarán las izquierdas zaragozanas? ¿Seguirán enfrentadas unas con otras? ¿Darán ya por perdida la batalla?

Dicho lo cual, conviene recordar. Desde las primeras elecciones municipales democráticas en 1979, ha sido el candidato que ha llegado a la alcaldía con menos votos porcentuales, el 21,67% y con menos concejales, 8. Perdió las elecciones, ya que la fuerza más votada fue el PSOE, con el 27,68% y 10 concejales. Por ello, Azcón necesitó de los votos de la extrema derecha. En junio de 2019 en los prolegómenos para la formación del ayuntamiento, el PP llamó a los medios para dejar constancia de la primera reunión con su futuro grupo municipal, en la que impulsaba un proyecto basado en el centroderecha. Azcón hasta en veintiuna ocasiones se refirió así a una mayoría en la que entraría Vox, para él «ese partido que ustedes mencionan». Ni una sola vez lo nombró. ¿Se le olvidó? Mas, a ese partido hoy Azcón ya lo ha blanqueado, a pesar de no haber condenado el franquismo –Abascal dixit: el gobierno de Sánchez el peor en 80 años–, de negar la violencia de género, de defender el trasvase, de eliminar el Estado autonómico, de preconizar una rebaja fiscal brutal, que dinamitaría el Estado de bienestar; y de privatizar el sistema público de pensiones. Todo vale para lograr una vara de alcalde.

(Art. completo: 
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