Basta con que levante el huevo por encima de la cabeza y desde allí arrojarlo contra el suelo. El huevo recorrerá, como mínimo, la altura del granjero sin sufrir percance alguno.—“Cumplí mi promesa”, declaró después el granjero. “De lo que le ocurriera al huevo al llegar al suelo, nada dije, nada prometí y en nada me compromete”.
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