ANÉCDOTA

 Ayer tuvimos que ir a urgencias del Hospital Universitario de Puerto Real por problemas de mi crónica enfermedad. Llegamos sobre las 11 de la mañana y, tras pasar por el control de datos y el triaje, nos enviaron a la sala de espera que, por cierto, no estaba llena como es habitual. Al cabo de media hora larga, me llamaron a consulta, pero era solo para recoger el botecito de la orina del análisis que me realizarían más tarde. Volvimos a la sala y los minutos iban pasando sin que nuestro número apareciera en la pantallita -algo que, en este caso, no servía de mucho pues nos llamaban "de forma privada" por nuestro nombre. 

En este ínterin, una joven pareja que estaba detrás nuestra, recibió una llamada al móvil. Era la madre de ella que se había quedado al cuidado del niño. La abuela era incapaz de poner la tele y llamaba a su yerno para que le explicase el funcionamiento -todo esto a altavoz abierto-. Para ver ahora la tele es frecuente tener dos mandos, como supongo tenéis la mayoría. Por mucho que el marido le decía lo que tenía que hacer en el mando,  la señora no daba con la tecla, ni con el segundo mando y, a veces, se oían expresiones como: ¿cómo cararajo funciona este mando, cojones? y alguna otra más de similares llenas de exabruptos,  convirtiéndose aquello en una especie de "empanadilla de Móstoles" que nos hizo reír a casi todos los pacientes y acompañantes e, incluso, a los protagonistas. El muchacho le dijo a la abuela que le pasase  el mando al niño, pero ni con esas. Tuvieron que ponerlo en modo cámara para que le diese las debidas instrucciones y al fin lo lograron. Solucionado el problema, la señora pregunto si había alguna chuchería para darle al niño y el solícito padre de la criatura le dijo que encima del microondas había un armario donde podría encontrar gusanitos y aquí se acabó la historia. Estuvimos a punto de aplaudirles.

Nosotros seguimos esperando otro rato y ya, un poco harto, me levanté y hablé educadamente con una enfermera si se habían olvidado de mí, pero, en ese momento me llamaron a consulta. Expliqué lo que me pasaba y me enviaron con el botecito a la consulta de enfermería donde también me extrajeron sangre para un análisis más completo. Serían más o menos la 1 y cuarto. Hasta las 2 y 10 esperamos de nuevo hasta que que llegasen los resultados de la analítica y el médico, viendo los parámetros, me dio el alta, aunque estas cifras pasarán a la nefróloga y mañana o pasado seguro que me llama para que le haga una visita antes de navidad. En fin, la vida es dura, amigos.

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