Tras el gran éxodo rural, quienes volvían a residir en sus pueblos lo hacían casi siempre después de la jubilación. Cualquier regreso anticipado era visto como un fracaso. "Zaragoza. Historias de ida y vuelta", el nuevo libro de Miguel Mena, refleja un cambio de mentalidad: ahora también vuelven a sus lugares de origen muchas personas que desean desarrollar sus vidas en el mismo sitio que ellos o sus padres tuvieron que dejar atrás. Cincuenta y dos zaragozanas y zaragozanos de distintas localidades de la provincia y diferentes generaciones cuentan las causas por las que marcharon y los motivos que les hicieron volver. Cincuenta y dos pequeñas lecciones de vida que constituyen un valioso testimonio sobre la realidad del medio rural en las últimas décadas.
Los cadáveres de los zaragozanos y zaragozanas que perdieron la vida durante el segundo sitio de la ciudad por las tropas napoleónicas en la guerra contra el francés, fueron depositados en una explanada situada entre los puentes de Santiago y Piedra sobre el Ebro. El nombre de la arboleda-parque se debe a Melchor de Macanaz, un político de Hellín (Albacete) que fue intendente de Aragón durante el reinado de Felipe V y promotor de quitar los fueros a los aragoneses. No se entiende que el Ayuntamiento le dedicase este espacio de ocio junto al Ebro. Algunas asociaciones han pedido -sin éxito- cambiar el nombre por el de "Héroes de los Sitios", pero ahí sigue, con sus miles de cadáveres en una fosa común.




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