En el siglo V a. C., el historiador griego Herodoto escribía acerca de las costumbres y tradiciones de las que fue testigo durante su estancia en Babilonia. Una de las costumbres más sorprendentes y controvertidas de la que informa es el mercado de esposas de Babilonia, en el que salían a subasta jóvenes mujeres, mientras que “un subastador mostraba a cada una de las mujeres una por una y las ponía a la venta.”
El Mercado de Esposas de Babilonia’ representa a una serie de mujeres esperando ser subastadas como esposas (a diferencia de las esclavas, por ejemplo). Long se inspiró en el relato de las Historias de Herodoto para su pintura, básicamente en la venta de muchachas en estado nubil y que se iban subastando de las más agraciadas a las menos; estas últimas, eran destinadas a los menos adinerados.
También cuenta Franklin Edson Belden en ‘Hombres y Escenas de la Historia’ (1898):
"Los babilonios se volvieron avariciosos en grado sumo. Ponían a la venta cualquier cosa susceptible de proporcionarles dinero. Incluso las virtudes domésticas eran dejadas de lado irresponsablemente por la gratificación financiera. Toda mujer debía una vez en su vida presentarse en público ante el templo de Beltis, ya que de este modo se atraía a multitud de extranjeros a la ciudad. Y en ocasiones, regularmente, se traían doncellas en gran número y eran vendidas en una subasta, a fin de atraer a los ricos príncipes y libertinos de las naciones circundantes a este mercado sin escrúpulos. Padres y hermanos con sus hijas y hermanas estaban listos para intercambiar por dinero los placeres que solo se deben al amor. Todo lo que estaba al servicio de la locura por la ostentación, los apetitos y la sensualidad, era ofrecido y consentido hasta el más alto grado posible. Los salones de palacio eran poco más que harenes y poligamia".


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