CULTURA


 Fascinada por este dúo de libros ilustrados, breves cuadernos para jóvenes de todas las edades, memoria de dos Marías -Zambrano, Moliner- y dos exilios -exterior e interior-. Sus biografías se leen como vidas paralelas, nutridas por la apasionada relación con las palabras.

«Cada palabra es un trocito de realidad, un trocito de vida; así que todas las palabras juntas, reunidas en comunión, forman el mundo que vemos, el mundo que soñamos, todo lo que somos. María sabe que, si limpia las palabras, si las reordena, estará limpiando y reordenando el mundo».
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La cuidadora de palabras, Alejandro Pedregosa, con ilustraciones de Virginia P. Ogalla
«El 27 de noviembre de 2006 se rindió homenaje a la filósofa María Zambrano, dando su nombre a la estación de tren de Málaga. El nombre de María está asociado al de un lugar donde, a cada minuto, alguien se va o llega. Ningún lugar es más adecuado para recordar a una mujer que pasó toda la vida de viaje, pero no se alejó jamás ni con el corazón ni con el pensamiento. Empujada al exilio por la dictadura, María Zambrano no logró regresar a su país hasta pasados casi cincuenta años. En una entrevista le preguntan si alguna vez perdió la esperanza de volver, y ella, lúcida, responde con sincera sorpresa: “¡Oh, yo creía que siempre estuve aquí!”».
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Siempre estuve aquí, Nadia Terranova, ilustraciones de Pia Valentinis.

Irene Vallejo


Malcolm Otero y Santi Giménez no soportan a los ídolos. Pueden admirar, pero siempre con el freno de mano puesto.

Como decía Billy Wilder, nadie es perfecto, y en este libro nos descubren que una cincuentena de los personajes más ilustres de la humanidad también han sido execrables. El nivel va desde premios Nobel hacia arriba. Destacan adicciones, escaso respeto por la propiedad privada (es decir, ladrones), agresores, violentos, racistas, envidiosos, trepas... A pesar de todo, los autores admiran a estos personajes porque son el pilar que ha construido el paisaje cultural de nuestra vida.

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