LAS MUJERES EN LA VIDA DE BLASCO IBÁÑEZ

 


Foto de la boda de María y Vicente. Ella va de negro, salvo el velo, por la muerte de un familiar.

La pasión por las mujeres fue una constante en la vida de Vicente Blasco Ibáñez. Dejando aparte la influencia de su madre Ramona Ibáñez, a los 18 años escribía tiernas cartas de amor a la que sería su mujer durante treinta años María Blasco del Cacho y con la que tuvo 5 hijos: Amelia, que murió a los 13 días de nacer, Mario, Libertad, Julio César y Sigfrido. Durante el matrimonio, María sufrió multitud de infidelidades, sobre todo, con cantantes de ópera, por las que sentía gran admiración, pero ella le acompañó en sus avatares por todo el mundo sufriendo la penuria, las visitas a la cárcel para ver a su marido y el conocimiento de los duelos de su marido por alguna mujer en los que, a veces, salía herido. Pero sería en la última etapa de su vida cuando se colgó de una mujer chilena, esposa de un famoso abogado y comerciante, al conocerla en el estudio de Sorolla cuando el gran pintor valenciano le estaba realizando un retrato. 


María Ortúzar retratada por Sorolla

Se trataba de Elena Ortúzar, conocida como "China" y con la que mantuvo un romance duradero en París, al que Vicente iba como según él "cogiera el tranvía". Esta aristócrata mujer, amante del lujo, las fiestas, las relaciones sociales, el teatro, la ópera, los casinos... rubia y alta, ojos azules y una exuberancia que hoy resultaría excesiva pero que entonces arrebataba, respondía al prototipo de mujer mundana que brillaba allí donde iba y a la que llegó a pagar 10.000 pesetas de la época al pintor Sorolla por hacerle un retrato  vestida de noche, enjoyada y tocada por una estola de armiño. Cuando Vicente quedó viudo en 1925, se casó con ella. Durante este tiempo, también Blasco tuvo algún que otro affaire con Clotilde, la mujer de Joaquín Sorolla.


Villa Fontana Rosa, la mansión de Blasco y Cita en Menton

 Vicente daría la vuelta al mundo y residiría hasta el final de sus días en una impresionante mansión en Menton (Francia). Gracias a la llegada de Chita, Blasco dejaría de vivir aventuras con algunas cantantes de ópera que tanto le atraían. El escritor moriría el 28 de agosto de 1928 en la villa de la Costa Azul y a su lado, por supuesto, estaba Elena que murió en 1963 (o 1965 según otras publicaciones), ya nonagenaria, con una vida tan lujosa como la que aspiraba a tener. 

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