(PINCHA)
Cuando yo era joven, un grupo de amigos salíamos los domingos a dar una vuelta con las motos. Generalmente, hacíamos el mismo viaje; si venía nuestro querido Pepe, el mayor de todos, el recorrido era más corto de lo habitual: El Puerto-Puerto Real-cruce de Paterna y vuelta. En la intersección parábamos a desayunar unas enormes tostadas de pan de pueblo untadas con manteca blanca con tropezones (escombros, los llamaba Pepe) que nos daban energía para todo el día. Cuando nuestro difunto amigo no podía venir por cualquier circunstancia, alargábamos la ruta y solíamos encaminarnos hacia algún pueblo de la Sierra o bien, pasábamos Medina Sidonia y antes de llegar a Alcalá de los Gazules tomábamos la carretera que iba a Benalup-Casas Viejas y a Vejer, dejando a la izquierda la finca "La Cantora". En mitad del camino, el el lugar llamado Los Albarizones había dos o tres ventas; una de ellas era "El Soldao". Allí, cambiábamos la manteca blanca por la colorá e, incluso, comprábamos alguna tarrina para, al llegar a El Puerto, dejarla en el bar "Dani", lugar habitual de reunión, y de vez en cuando, le pedíamos a Carlos que nos pusiera de tapa unas tostaditas con aquella manteca. La vuelta la solíamos hacer por Vejer -a veces subíamos-, Conil, Chiclana, Puerto Real y El Puerto. En alguna ocasión, el viento de levante entre Vejer y Conil era tan fuerte que nos obligaba a ir en primera con los pies en el suelo para que no nos tirase. Ya sin moto, volvía alguna que otra vez a la venta, pero esta vez para comer carne de caza, una de sus especialidades.

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