VIAJE A ARCOS DE LA FRONTERA (1)

 


El desplazamiento que realizamos el viernes fue más bien corto, de menos de una hora. Cuando MJ se  jubiló, los compañeros y compañeras del IES, le regalaron, entre otras cosas, dos vales de esos que puedes utilizar en algunas localidades andaluzas. Uno ya lo usamos en Sevilla el año pasado y el que nos quedaba, optamos por dirigirnos a la afamada y empinada población de Arcos de la Frontera. El día prometía, pese al anuncio de lluvia por la tarde que no llegó a producirse. 

Primero, dimos con el hotel y dejamos el coche en un aparcamiento cercano. Al salir del mismo, nos percatamos de que estábamos en el Parque del Paseo, en la avenida de Andalucía. La primera sorpresa fue encontrarnos con dos vistosas esculturas muy coloridas que no supimos qué pintaban allí. Más tarde nos enteramos que representaban a "La Molinera" y al "Corregidor", personajes icónicos del pueblo, con diseños de vestimenta de Picasso y que son el inicio de otras más con las que se adornará la ciudad con obras de artistas locales.





Al llegar al hotel, situado en la calle Corredera, principal arteria de la ciudad, nos sorprendió la decoración morisca, de ahí el nombre del establecimiento: Hotel "La Fonda del Califa". En 1834 el Duque de Osuna construyó la parte principal del edificio con el fin de utilizarlo como una posada, siendo este el alojamiento más antiguo de toda Andalucía. En 1863 se reformó parte de la antigua estructura y se añadió un segundo cuerpo que terminaría de otorgarle su apariencia actual. A principios del siglo pasado se llamaba "La Posada del Comercio" y desde el 2005, tras una remodelación, pasó a tomar el nombre actual. El hotel, que cuenta con 17 habitaciones,  tiene su encanto, es de una estrella y necesitaría un nuevo retoque, sobre todo en los baños.

Tras los trámites en recepción y dejar el equipaje en la habitación, salimos a dar una vuelta con intención de subir al mirador. Primero, paramos en el primer bar que encontramos y nos tomamos una caña y una tapa de queso payoyo para coger fuerzas. Pero, lo que sigue, lo dejaré para mañana.


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