Espadaña del Hospital San Juan de Dios, monumento a la Semana Santa y escultura de San Miguel (sin cabeza) del Centro Cultural
Como ya os comenté, el hotel donde nos alojamos está en la calle Corredera, Ascendimos por ella y observamos el monumento a la Semana Santa -por cierto, pobrecitos los que lleve los pasos- y el Hospital de San Juan de Dios. Cuando esta calle termina (o empieza, no se muy bien) se llega a la Cuesta de Belén, que como su nombre indica es una empinada calle que invita a subirla en el microbús, pues vista desde abajo impone, y no poco, tanto que decidimos no subirla y buscamos una alternativa yendo por una calle paralela y sin dificultades; pero, llegó un momento que teníamos que conectar con ella y lo hicimos subiendo tropecientas escaleras, así que sé lo que era mejor.
Cuesta del Perro, calle Cuna y Arco de las Monjas
MJ en el mirador alternativo; basílica de Santa María; plaza del Cabildo con el castillo árabe al fondo.
Descubrimos que habíamos llegado a la zona de los restaurantes y bares situados en la calle Deán Espinosa. Seguimos ascendiendo y pasando por casas nobles, conventos e iglesias hasta llegar al Parador de la plaza del Cabildo que, por cierto estaba levantada por obras estaba en obras y nos impidió asomarnos desde su mirador; así que tuvimos que desplazarnos hacia otro punto más alejado donde se veía el río Guadalete y los campos de cultivo y pastos. La paliza fue de castaño oscuro.
A la vuelta, más cuestas. Paramos a reponer fuerzas en el bar "San Martín" y nos tomamos una tapas de diseño muy elaboradas y con buena combinación de sabores. Más abajo entramos en el gastrobar "El Retablo" y probamos unas croquetas de boletus excelentes y una carrillada al alioli sorprendentes. No entramos a "Los Jóvenes Flamencos", donde ponían las especialidades de Arcos como el abajao, el ajo molinero, la alboronía, berzas,..En nuestro descenso, vimos dos calles típicas de la localidad: la Cuesta del Perro y la calle Cuna, llamada así por albergar el edificio donde se depositaban los niños expósitos, la iglesia de Santa María, el Arco de las Monjas... Por fin, llegamos a la zona baja con los gemelos resentidos y terminamos en una tasca comiendo un jamón de bastante calidad y un poco de queso de oveja. De allí, al hotel a descansar, pues por la tarde nos esperaba otra pequeña caminata.
La tarde, la dejaré para mañana.












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