DÍA 1.- (3 de agosto)
Este año, decidimos acompañar a nuestro querido amigo Manolo Estévez a su tierra natal. Él subió un día antes, aunque hizo un par de paradiñas; nosotros salimos dos días después y sólo hicimos una: Salamanca.
La Ruta de la Plata es como se denomina a la autovía que une Sevilla con las zonas del NW y N. peninsular, o viceversa, desde Gijón (Asturias). Aunque esté relacionada con el preciado metal, no tiene nada que ver con la "ag", sino con la piedra, pues su nombre procede del árabe balat (piedra, camino pavimentado). Inicialmente, fue construida por los romanos para unir Emerita Augusta (Mérida) con Asturica Augusta (Astorga) con el objetivo de transportar mercancías, movimiento de tropas militares y comerciales y ejercer el pastoreo.
Salvo una parada, hicimos el viaje del tirón hasta Salamanca, llegando aproximadamente, a la la1:30. Rápidamente encontramos el hotel, muy céntrico, a escasos 5 minutos de la plaza Mayor, nos instalamos y salimos a tomar unas tapas por la zona y, por supuesto, por alguno de sus afamados bares premiados en los concursos nacionales. "Gonzalo" fue uno de ellos, probamos unos deliciosos callos a la manera tradicional y una manitas deshuesadas con trufa y no sé qué más que estaban de escándalo. Aquí hubo que soltar la cartera, pues en la mayoría de los establecimientos, la tapa iba incluida con la bebida y tenía un precio simbólico. Por ejemplo, en uno de los bares que había frente al hotel, situado en la plaza San Juan Bautista, dos cañas y dos tapas -grandes- (a elegir), unos 7 €. Tras recorrer un poco la Rúa que lleva a la catedral, volvimos al hotel a descansar. Por la tarde, volvimos a dar una vuelta por la zona centro y comercial y observar brevemente la perfomance que un numeroso grupo de jóvenes neocatecumenales ("Kikos"), que se dirigían a Lisboa a ver al Papa, montó en la plaza con sus rezos y sus canciones. Decidimos visitar nuevos bares -nos decepcionó la tapa de jeta, dura como el pilar donde el Lazarillo de Tormes hizo estamparse al ciego en venganza por el maltrato recibido durante su vida en común- donde tomamos un exquisito jamón de Guijuelo y unas orejas en salsa picante de escándalo. Volvimos al hotel y, sorpresa, los cristianitos que cantan el "Cara al Sol" y gritan ¡Que te vote Chapote", seguidores sectarios de Kiko Argüello, se alojaban en el mismo establecimiento que nosotros. Menos mal que no les dio por cantar ni gritar eslóganes ni nada parecido. Armaron un poco de jaleo y después, se calmó la cosa.







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