UN POCO DE HISTORIA

 

El 16 de septiembre de 1506, Felipe de Austria, conocido en la Historia como "el Hermoso" o Felipe I de Castilla,  se hallaba en el palacio burgalés del Condestable de Castilla, conocido como la "Casa del Cordón" -en la imagen- celebrando que había sido nombrado rey de Castilla, comiendo, bebiendo y participando en torneos, entre ellos el juego de pelota. La cuestión es que, por la noche, se indispuso -lo del vaso de agua fría es una leyenda- y empezó a tener fiebre. El día 20 empezó a empeorar y los médicos lo sangraron, como era práctica habitual, De poco le sirvió, pues en la madrugada del 24 al 25 de septiembre murió. Contaba con 28 años. Su muerte fue tan súbita, dadas las condiciones físicas del monarca, que algunos decían que había sido envenenado por su suegro, con el que no se llevaba bien por las aspiraciones políticas de uno y de otro.

Felipe, que era hijo del emperador Maximiliano I de Habsburgo y de María de Borgoña, se había casado con Juana de Castilla, hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón (los "Reyes Católicos"), en 1496. Como consecuencia de la pérdida de su marido, Juana, que, al parecer, estaba enamoradísima de él y era, además, muy celosa, sufrió ciertos trastornos, unidos a los que ya padecía,  que fueron los causantes de que, en adelante, se le conociese como "la Loca". Felipe fue enterrado en la cartuja burgalesa de Miraflores, pero, para cumplir su deseo de ser enterrado en Granada, Juana mandó exhumar el cadáver e inició un peculiar intento de viaje nocturno a la exciudad nazarí durante ocho meses acompañando el féretro de su marido y que el pintor Francisco Pradilla refleja en su afamado cuadro -en la imagen-, actualmente en el Museo del Prado de Madrid. Durante el trayecto, la reina dio a luz a su hija Juana -sería reina de Portugal-. Convencida por su padre, la reina le cedió la regencia y decidió regresar a Burgos, pero al llegar a Arcos de la Llana (Burgos), en uno de sus arrebatos, consideró que debía permanecer en esta localidad, haciéndolo durante 16 meses. En 1509,  ella fue recluida en un torreón palaciego de Tordesillas (Valladolid) en el que estuvo 46 años,  y el féretro de su marido se depositó en el convento de Santa Clara de la misma localidad. 

El féretro de Felipe se trasladaría definitivamente a Granada en 1525 por orden de su hijo Carlos I. Treinta años después, se le uniría el de Juana. El sepulcro se encuentra en la Capilla Real de Granada, junto al de sus padres, los Reyes Católicos.

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