En 1615 se finalizó el primer gran mapa de Aragón, hecho por el cosmógrafo portugués Juan Bautista Lavaña. En marzo de 1610, la Diputación del Reino encargó al cosmógrafo y matemático la realización de un mapa de Aragón y una descripción “tan exacta y perfectamente cuanto supiere, yendo por todos los lugares, y montes, y partes necesarias, así para tomar la altura como para notar y hacer memoria de las cosas notables del dicho Reino”. El encargo había sido iniciativa del poeta y Cronista Mayor del Reino Lupercio Leonardo de Argensola, quien consideraba imprescindible tener un mapa fidedigno de las tierras aragonesas pues “conoció bien que es imposible historiar los hechos de un pueblo cuya topografía no se conoce exactamente, y que la historia es inútil sin la descripción de los lugares“. Aragón, por aquellas fechas, no tenía todavía un mapa que fuera solo suyo.
Argensola convenció a los diputados y se ocupó de que el trabajo fuera ejecutado por Lavaña, porque estaba convencido de que no existía otra persona en España capaz de llevarlo a cabo como él. Llegó a Zaragoza el 31 de octubre de 1610 y hasta abril del año siguiente recorrió palmo a palmo todo el territorio aragonés, tomando medidas y distancias, anotando topónimos y numerosos datos de los lugares que iba visitando. Se instalaba en las localidades más importantes y desde allí ubicaba los pueblos de la zona; para medir las distancias se encaramaba a los montes, torres o elevaciones más destacadas, desde donde podía divisar amplias extensiones de terreno.
Acabado el viaje, Lavaña elaboró su mapa en Madrid. Orgulloso de su trabajo, escribió a los diputados aragoneses informándoles del resultado. Sin embargo, para su disgusto, los diputados pusieron pegas; algunas eran solo formales, como los ornatos que debían ponerse en las armas y cartelas, pero había dos cuestiones sobre las que tardaron mucho en ponerse de acuerdo: los diputados se quejaban de que el mapa estaba “poco poblado” y de que se veía “muy montuoso”. Indignado, Lavaña respondía: “mal puedo yo poblar lo que no está poblado” y “menos montañas he puesto de las que hay en el Reino”.
No solo fue el primer mapa de Aragón: fue el mejor de su época. Se le ha calificado de “monumento cartográfico”, de “pieza esencial en la historia de la cartografía mundial” y de “caso único en la historiografía de estos siglos”. Fue uno de los primeros levantados en Europa utilizando instrumentos matemáticos y, por su perfección técnica, fue modelo para buena parte de los mapas que se realizaron hasta bien entrado el siglo XIX.
Para contestar a un comentario, el Valle de Arán se incorporó a la recién creada Lérida en 1833.




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