Los ingleses fondearon frente a la bahía para descansar de la larga travesía sin percatarse de que las naves estaban a tiro de la artillería española y de la flotilla que había llegado en auxilio del galeón y de la ciudad. El día 12 de noviembre moría Hawkins de disentería y, esa misma noche, los españoles abrieron fuego por sorpresa contra la flota de Drake matando a varios oficiales y marineros, lo que le obligó a levar anclas y alejarse de la línea de fuego.
Imitando el factor sorpresa, el corsario inglés volvió a intentarlo la noche del día 23. Los españoles habían hundido el Nuestra Señora de Begoña, una vez guardado el tesoro que levaba, en la bocana del puerto para que la flota inglesa no pudiese pasar y Drake se vio obligado a enviar a una ingente cantidad de hombres en barcazas para incendiar los navíos de auxilio. A pesar de la rápida reacción de las fragatas españolas, no pudieron salvar a la Magdalena que fue engullida por las llamas, muriendo en ella 40 de sus tripulantes. Sin embargo, la luz que desprendieron las llamas de la Magdalena eran tan grande que dejó al descubierto las barcazas inglesas. Aprovechando aquel destello, los artilleros y tiradores españoles de tierra y de las fragatas restantes acribillaron a los asaltantes, matando a centenares de ingleses. Cegado por la avaricia y con el orgullo dañado y, vista la situación, volvió a intentarlo, pero fracasó. Drake ordenó entonces la retirada el 25 de noviembre y se dirigió a Panamá, arribando a Portobelo, donde moriría, como su primo Hawkins, de disentería, el 28 de enero de 1596. Tenía 56 años.





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