BARDALLUR: LOS PRIMEROS DÍAS DE LA GUERRA

 


En los plenos que siguieron a la constitución del nuevo Ayuntamiento, poco se habla del conflicto, ni de muertos ni de vivos, salvo alguna excepción de un camarada caído en el frente, la petición de dinero para sufragar la pérdida del acorazado España, hundido en la costa cantábrica al choca contra una mina. Antes ya había habido peticiones de objetos de valor, monedas, medallas, cruces, anillos y otro tipo de donaciones. También se relevó al guardia municipal y al alguacil, el primero, el rey de las multas por arrancar hojas de remolacha, fruta y otros productos del campo, Lógicamente, los que hurtaban no tenían que llevarse a la boca, como la mayoría. La situación en los pueblos de alrededor no era mejor que la de Bardallur. En todos había habido fusilamientos y en todos la hambruna estaba a la orden del día. Varias familias malvivían en una misma casa y casi la mitad en cuevas excavadas en las rocas, No había médico, pues el actual, amigo del capitán Portolés, le había convencido para que se apuntase en la Falange y en el sitio de Belchite fue hecho prisionero y luego fusilado. La suplencia la llevaba a cabo el médico de Urrea que bajaba tres días a la semana, previo pago del autobús de las dos y media, a sanar a los enfermos.

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