VIAJE A BARDALLUR (AGOSTO DE 2024)

 Como prometí, empiezo a escribir de nuevo cuatro cosas - esta vez no se me ha olvidado el router- para volver poco a poco a la normalidad, una vez superado los imponderables que me hicieron parar durante unos días. Para empezar, y esto es lo mejor, he controlado mis problemas de salud y me siento con más fuerzas para poder seguir adelante. En segundo lugar, ayer llegamos al pueblo sin novedad -MJ es buena conductora- y, en tercer lugar, la casa está en condiciones de habitabilidad, aunque todavía huele un poco a humo del incendio de hace unos meses en la casa de al lado. Así que, empecemos:

EL VIAJE.-

Salimos de El Puerto sobre las 7:30 de la mañana y no paramos hasta pasar Córdoba -hay que ver lo que se gana en no cruzar Sevilla como antes pues, llegando al Puente del V Centenario (en obras desde hace tiempo) tomas la dirección alternativa que rodea la ciudad y sales casi en Carmona, la SE-30, creo que le llaman-. Al poco, reanudamos el viaje y, a unos kilómetros de  Ocaña, paramos de nuevo antes de tomar la R-2, autopista de pago que hizo el gobierno de Aznar y que ha sido ruinosa, al igual que el resto de las "R". Cruzamos Madrid por la M-50 y volvimos a tomar otra "R", esta vez la 2. Salida pasado Guadalajara, así que también se gana terreno. Comimos en Torija y de allí, a La Almunia. Compramos unas pocas viandas y llegamos a Bardallur pasadas las 6 de la tarde. Descargamos y ya no salimos de casa pues el bar estaba cerrado y no teníamos ganas de ir al de la piscina. Saludamos a mi cuñada Tere y se acabó el día con una frugal cena. 

Como anécdotas, lo siguiente: viajábamos menos turismos que camiones -hacía tiempo que no veía tantos (creo que España debería crear una alternativa al transporte por carretera, ya que, además de costoso,  me pareció muy peligroso el tráfico, no solo por la cantidad de vehículos, sino por el abuso que algunos camioneros hacen de la carretera con velocidades desmedidas, adelantamientos lentos y alguna que otra invasión de la calzada. 

La otra anécdota: cuando llegamos al área de Torija para comer, vimos un grupo de jóvenes extranjeras, todas rubias y de ojos azules, bajo una sombra con sus equipajes al lado. Al parecer, el autobús en el que viajaban se estropeó y las dejó allí tiradas (así estaban algunas) esperando, supongo, que un relevo llegase, cosa que no sucedió el rato que nosotros estuvimos. 

EL CALOR.-

Durante el trayecto hizo mucho, mucho calor. El riesgo de incendios era máximo, según se anunciaba. Claro, dentro del coche no se nota, pero en las paradas si experimentamos lo que es el sol abrasador -achicharrador- que imperaba en los lugares donde realizamos la pausa. En el pueblo también lo hacía, aunque al poco, se levantó una ventolera de tres pares y la temperatura bajó un poco. De todas formas, en la casa, no notamos mucha temperatura, además de enseguida, poner en marcha los ventiladores que enfriaron rápidamente las habitaciones.

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