Ayer perdimos a un bardallutero de pro, de los de toda la vida, pese a vivir los últimos años en Zaragoza. Yo, pese a la diferencia de edad, lo consideraba un amigo y lo apreciaba de verdad, al igual que a Paquita, su mujer, muy amiga de mi madre, a sus hijos Ana y Sergio y, por supuesto, a mi querido amigo Emilio, al que ayer tuve la oportunidad de darle mi más sentido pésame. Un abrazo para toda la familia. Faustino, que la tierra te sea leve.
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