LA CORTE VUELVE A MADRID TRAS SU PASO POR VALLADOLID
A la muerte de Felipe II, quien había designado a Madrid en 1561 como capital por motivos estratégicos y para evitar a la comunera Valladolid o a la arzobispal Toledo y, todo hay que decirlo, a instancias de su esposa Isabel de Valois que no aguantaba los gruesos muros del alcázar toledano, le sucedió su hijo Felipe III, quien tuvo como valido al duque de Lerma, quien, al ver el rendimiento económico que proporcionaba la construcción urbana de la corte del nuevo Estado imperial, quiso apropiarse de las rentas que ello producía; y se le ocurrió una operación de especulación inmobiliaria que ha hecho historia.
Volvió a trasladar la corte a Valladolid en 1601 donde había comprado fincas y edificios. En apenas dos años Valladolid pasó de 30.000 habitantes a 70.000; mientras que Madrid, en cambio, sufrió una caída de 80.000 a 23.000 vecinos y un empobrecimiento general; y sucedió lo inverso con la vuelta de la corte a Madrid el 6 de abril de 1606 cuando apostó por crear una ciudad capital, ex novo, al sur del Guadarrama.
Es el ejemplo perfecto de especulación –por un lado, antes del traslado, compró terrenos en Valladolid a un precio bajo, que aumentaron de valor con el traslado de la Corte–; y por otro compró tierras en Madrid cuando bajaron los precios, de forma que cuando la capitalidad volvió a Madrid en 1606 el duque había hecho un fabuloso negocio. Y desde entonces la especulación inmobiliaria se instaló aquí.
Es la vida de corte y la especulación del suelo la que explica la sinrazón que supone que en esta comunidad se desprecian durante siglos las actividades productivas y la industria, a contra corriente de las tendencias que se impusieron en las ciudades en toda Europa que fueron las que impulsaron la revolución industrial. A pesar de tener un territorio rico, con mucha y buen agua, con suelos de montaña, mesetas y valles que permitirían una gran variedad de abastecimiento alimentario y energético en sus bosques con mucha caza, e incluso tiene aprovechamientos minerales de buena piedra, y cal y yeso y arena para construir. En el Madrid de la Corte, a la que acuden los rentistas de toda España, se dejan de lado las actividades productivas –en agricultura, ganadería y manufacturas– y se orilla del gobierno de la ciudad a la burguesía, que se especializa en el comercio y la banca porque carece de suelo. Y, por supuesto, el gobierno de la capital lo dirige directamente la corte. Y... hasta ahora.

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