Booth, aprovechando que era actor y conocido de los dueños del teatro, se acercó sin problemas al palco y disparó a la cabeza de Lincoln con una pistola Philadelphia Deringer (en la imagen). Tras un forcejeo con el compañero del presidente, el actor magnicida se descolgó hacia la planta baja y, al caer, se quebró el peroné y, aún así, se levantó y mientras huía pronunció Sic semper tyrannis (Así siempre a los tiranos). Luego montó en un caballo que tenía preparado y salió a galope de Washintong. Los otros asesinatos planeados fracasaron.
Lincoln fue trasladado a una pensión que había enfrente del teatro y allí moriría sobre las 7:15 de la mañana.
El ejército capturó al autor y a 8 personas más. Celebrado el juicio, cuatro de ellas -incluida una mujer- fueron condenadas a la horca y murieron el 7 de julio de 1865.
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