España iba de capa caída durante el periodo de los austrias Felipe III y Felipe IV (siglos XVI y XVII) y se estaba quedando muy atrasada con respecto a otras potencias europeas. La mala gestión de los validos (Lerma y Olivares) en política exterior, había sumido a la nación en un país empobrecido, donde la hambruna estaba a la orden del día y la industria brillaba por su ausencia, amén de las nefastas contiendas bélicas en las que participó y sus negativas consecuencias. Cataluña no se salvaba de esta situación y el desgobierno había provocado la aparición del bandolerismo y un malestar generalizado en la población. Este descontento popular originó enfrentamientos urbanos entre bandos que pretendían volver a sistemas antiguos o defender a la monarquía.
La Cataluña del siglo XVII-XVII se dividía en dos facciones antagónicas de bandoleros: los nyerros (de Nyers, Francia) y los cadells (de la familia Cadell). El país fue el escenario de un ingente bandolerismo, fenómeno que culminó el primer tercio del s. XVII auspiciado por la crisis económica, social y política de la sociedad catalana. En ese momento, el descontento de las clases populares en un contexto de aumento demográfico y encarecimiento de la vida confluye con la formación de bandos nobiliarios disgustados con la pérdida de poder económico, especialmente en entornos de montaña: nyerros, formados por bandoleros y campesinos libres que defendían a los señores feudales y cachorros, cuyos componentes eran nobles y ciudadanos de las ciudades; ambas facciones eran originarias de tierras ceretanas y representarán intereses enfrentados en todo el Principado.


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