Hace un par de días vi un programa en la TV en el que un reportero había visitado Calatañazor, un pueblo de la provincia de Soria digno de admirar por su entramado urbanístico, su leyenda y sus dulces.
Salió, por supuesto, a relucir la consabida frase. "En Calatañazor, perdió Almanzor su tambor", aludiendo a la derrota sufrida por el caudillo musulmán en el año de 1002. Nada más lejos de la realidad, pues no hay constancia de tal batalla. El háyib andaluz llevaba tiempo lanzando aceifas sanguinarias por territorios cristianos y, cuando volvía de saquear San Miguel de la Cogolla, eso sí, muy enfermo a causa de la gota que padecía desde hacía años, llegó a la aldea de Bordecorex donde murió, siendo enterrado en Medinaceli, ciudad fronteriza con Castilla.


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