EL 20 DE DICIEMBE DE 1591 ES DECAPITADO JUAN V DE LANUZA, “EL MOZO”:
JUSTICIA DE ARAGÓN.
Los señoríos eran las propiedades que el Rey había otorgado a las Órdenes Religiosas o a los señores que le habían ayudado en las campañas militares. La zona del Valle del Jalón fue controlada por la Orden de Jerusalén o del Hospital en un principio, pero, posteriormente fue pasando a la nobleza. Uno de estos señoríos pasó al poder de los Lanuza, en concreto, el formado por Plasencia, Bardallur, Turbena y Caulor.
Juan de Lanuza tuvo que enfrentarse al farragoso asunto de Antonio Pérez Escobar, un episodio que le costó la vida. Su padre, Juan IV de Lanuza, había fallecido el 22 de septiembre de 1591, quizás por el mismo problema, y tuvo que sucederle en el cargo de Justicia de Aragón, cuando sólo contaba 27 años.
Antonio Pérez era descendiente de judíos conversos de Monreal de Ariza. Tras finalizar su formación académica, sucedió a su padre como secretario del Rey –Felipe II-. Se vio involucrado en el asesinato de Escobedo, incondicional D. Juan de Austria –hermanastro del Rey- y del Duque de Alba. Tras estar encarcelado en varias prisiones castellanas, escapó y se refugió en Calatayud para, posteriormente, llegar a los señoríos de Urrea y Plasencia. No eligió Pérez este destino al azar. Acogiéndose a los protectores Fueros aragoneses y, más concretamente al privilegio de manifestación, debido a la procedencia de su padre, al que Carlos I había concedido el ser ciudadano de Zaragoza, se puso bajo el dictamen de El Justicia. Según Lasarte, es posible que, el perseguido estuviese escondido en la pequeña fortaleza situada entre Plasencia, Urrea y Bardallur conocida como “El Castilluelo”. De aquí pasó a la cárcel foral del Zaragoza bajo la custodia del Justicia. La Inquisición se le privó de todos los derechos forales, lo que fue interpretado por los zaragozanos de declaró hereje para, así, perder el derecho foral, lo que fue interpretado por el pueblo como una pérdida de los Fueros. Se sucedieron varias alteraciones para evitar llevar al preso a La Aljafería, lo que se consiguió tras los motines de la ciudadanía. Pérez logró huir a Francia el 10 de noviembre de 1591, 4 días antes de la llegada a Zaragoza de un ejército de 10.000 hombres enviados por el Rey. Este ejército no llegó a enfrentarse al que, el inexperto Justicia intentó formar para defender los derechos y privilegios forales.
En efecto, El Justicia, juntamente con su primo hermano el Conde de Aranda, Luis Ximénez de Urrea -señor de Urrea y otras poblaciones del Valle y otros puntos de Aragón-, el Duque de Villahermosa Fernando de Aragón y Gurrea (¿), que era señor de Pedrola y otras poblaciones próximas, y otras personalidades, fueron los artífices de la rebelión armada y de la creación para ello, de la “Junta de Épila”. Confiados en que no había habido represión la “Junta” se trasladó a Zaragoza pero, el Consejo de Aragón instó a Felipe II a que escarmentara a los subversivos y el 20 de diciembre de 1591 Juan de Lanuza fue ejecutado en la Plaza del Mercado .
Lupercio Leonardo de Argensola cuenta como vio su ejecución:
“... llegó a la plaza enterneciendo a todos los del exército (que de la ciudad no asistió gente a tal espectáculo), porque demás de su edad y apacible presencia, que siempre en semejantes trances es más notada, salía con el mismo luto que pocos días había traído por la muerte de su padre, y sin cuello en la camisa. Córtole el verdugo la cabeza y con poco respeto llegó a quitarle unas medias de seda; pero un gobernador de una tropa del exército, dándole con un palo, le mandó que las dexase, y que no tocase un hilo de aquel cuerpo. Después los caballeros y capitanes del exército le llevaron en hombros hasta el monasterio de San Francisco, donde está su sepultura...”.
El conde de Aranda y el duque de Villahermosa, así como el resto de los cabecillas, fueron ejecutados en el transcurso de 1592.
El mismo día que Lanuza fue decapitado, pero de 1820, se inició el 2º y definitivo sitio del ejército francés a la ciudad de Zaragoza.
En efecto, el día 20, la artillería francesa ya estaba preparada y a las 8 de la mañana del día 21 comenzaba a bombardear los enclaves zaragozanos. Ya los sufridos habitantes de la ciudad habían conocido el fragor de la batalla en el verano del mismo año –primer sitio-, pero ahora lo tenían más crudo. El ejército francés era muy numeroso y sus mariscales – no iban a cejar hasta la capitulación, hecho que sucedió el 20 de febrero de 1809. Las consecuencias: ruinas y más ruinas y cadáveres y más cadáveres (se estima que unos 54.000, muchos de ellos a causa de la epidemia de tifus exantemático transmitido por los piojos.
La defensa numantina de la ciudad, arengada por clérigos de renombre, la fe en la Virgen -…que no quiere ser francesa- y otras motivaciones desconocidas, amén de la cuestionable actuación de Palafox, dieron fama de resistencia a la población maña.
(Estos temas los publiqué en este mismo blog hace unos años).

No hay comentarios:
Publicar un comentario