OFICIOS ANTIGUOS


Hace poco os presentaba a un señor ejerciendo un negocio no muy rentable, pero suficiente para subsistir: el sustanciero, que alquilaba los jarretes de jamón durante unos minutos para darle un poco de alegría al caldo. Hoy, os presento al mielero. Este  vendedor recorría Madrid, según la ruta correspondiente, vendiendo miel, sobre todo de la comarca de la Alcarria (Guadalajara). La miel, al no haber azúcar fue el edulcorante de la postguerra española. Además, sería como medicamento para la garganta y mitigar las secuelas que el frío invernal madrileño solía causar en las clases  más desfavorecidas que vivían en casas medio derruidas o sin medios para calentarse

Otro día os hablaré del fenzejero y el estañador.

 

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