Con objeto de suministrar agua a los barcos de guerra (galeras reales) y mercantes y hermosear y modernizar la ciudad (había pasado a pertenecer a la Corona en 1729), se construyó en 1735, promovida por el capitán general de la Mar Océana Tomás Idiáquez bajo el reinado de Felipe V, una fuente que remediase la carencia de agua potable. Durante los siglos XVI y XVII la flota de galeras invernaba en el Guadalete, pero en 1668, la escuadra fue trasladada a Cartagena (Murcia) con gran pesar de los y las portuenses (o porteños). Esporádicamente, los navíos reales siguieron abasteciéndose de agua antes de partir hacia las Indias protegiendo a la flota mercante.
Fue construida por el maestro mayor Bartolomé de Mendiola al final de un kilométrico acueducto subterráneo proveniente de los acuíferos de Sidueña, en la sierra de San Cristóbal. Al principio de su construcción tenía salida también en el lado que está junto al río, facilitando el repostaje a las embarcaciones. Parece ser que la salida de agua, al estar continuamente saliendo, anegaba la zona formándose un barrizal con gran discurso de comerciantes y vecinos, en general. Tendría que pasar un siglo y pico (1841) para que se realizase una remodelación a cargo de Diego de Figueras que sustituyó los antiguos surtidores por seis grifos de cobre controlando el caudal y mitigando las pérdidas económicas.

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