Un hombre es atendido por dos jesuitas en su lecho de muerte. Uno de ellos lo distrae con sus oraciones y, el otro, le coge la mano para que firme que cede sus posesione a la Compañía de Jesús. Esta era una práctica habitual en la época, de ahí que los clérigos amasasen grandes fortunas.
¿Sabes quién lo pintó?
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