VISTO EN LAS REDES



Hace unos 45 años me invitaron a una boda en un pequeño pueblo extremeño. Tras la ceremonia nupcial, los recién casados y sus familiares más directos, subieron a un carro para dirigirse a la sala del convite. El carro iba decorado con ramas de higuera cargados de sus correspondientes infrutescencias, pero duras como piedras. Algunos desalmados sin conocimiento arrancaban los higos y los lanzaban al carro intentando dar a los ocupantes, algo que sucedió en varias ocasiones. Era la forma de celebración en muchos lugares de la España profunda.












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