La decisión de Alberto Quirón, como cariñosamente le apoda en su agenda Miguel Ángel Rodríguez, la pareja de la presidenta madrileña, de demandar a Jesús Maraña, director editorial de infoLibre, no puede leerse como un simple lance judicial más. Requiere que nos detengamos a mirar el panorama completo, porque lo que subyace es muy revelador.
Más allá del caso en sí, este movimiento viene a confirmar el preocupante grado de impunidad que han alcanzado algunos políticos y sus círculos más cercanos. Es el síntoma de una estrategia que, a sus ojos, está funcionando. Espoleados por el éxito que ha supuesto para sus intereses acorralar y lograr que se condene a figuras como el fiscal general del Estado, se sienten ahora intocables. Comprueban que tienen la fuerza, los recursos y el clima propicio para dar un paso más: intentar acallar a los medios independientes y a los periodistas que simplemente están haciendo su trabajo.
El objetivo de este tipo de ofensivas legales rara vez es únicamente la restitución del honor o la búsqueda de la verdad; el verdadero propósito es el efecto paralizante. Es un aviso a navegantes, una advertencia para que el periodismo incómodo se lo piense dos veces antes de investigar, preguntar y publicar. Buscan que el miedo a las represalias legales y económicas gane la batalla a la vocación de informar.
Frente a esta exhibición de poder, que intenta asfixiar el escrutinio público, la respuesta de quienes creemos en la información libre no puede ser dar un paso atrás. Defender a los periodistas que hoy son el blanco de estas demandas es defender el derecho de la sociedad a saber.
No nos callarán. Somos resistencia.
Buena semana.
Fernando Varela
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