EL MOTÍN DE ESQUILACHE (y 5)
Al parecer, Carlos III pensó desde el primer momento -aunque con evidente disgusto- que lo mejor era aceptar estas exigencias populares, para evitar males mayores. Pero antes de tomar una decisión formal, consideró oportuno escuchar la Opinión del Consejo de Guerra. Hubo división de opiniones, los militares eran partidarios de sofocar por la fuerza la rebelión, mientras que los nobles civiles querían evitar el derramamiento de sangre y, puesto que los amotinados no cuestionaban la autoridad real, que se aceptaran las exigencias. Carlos III tomó una decisión, salió al balcón y prometió satisfacer los deseos del pueblo, sobre todo en lo referente a la bajada del precio del pan y la expulsión de Esquilache y la guardia valona. Cuando vieron que esta tropa se retiraba hacia el interior del palacio, se calmaron los ánimos.Aparentemente, el peligro había pasado, pero el pueblo había vencido. Carlos III, al no sentirse seguro en Madrid después de lo que había visto desde el balcón, cometió el error de desplazarse, al amparo de la noche, con toda su corte a Aranjuez.
En un Madrid en calma, una Junta Militar tomaba diversas medidas para mantener el orden. Pero el pueblo se enteró, estupefacto, de que el monarca había partido secretamente a Aranjuez. Inmediatamente, tomó cuerpo la convicción de que Carlos III sólo había cedido momentáneamente, por razones estratégicas, a las peticiones de sus vasallos. Sin duda, ahora se disponía a armar un poderoso ejército para regresar a Madrid, revocar sus promesas y aplastar a los revoltosos.
Esta convicción irritó a los madrileños, produciendo además una importante ola de temor. Bien pronto, unas 30.000 personas -hombres, mujeres y niños- rodearon la casa del obispo de Cartagena, Diego de Rojas, presidente a la sazón del Consejo de Castilla. Las fuerzas armadas se vieron rápidamente desbordadas. El obispo recibió el encargo de transmitir al rey el estado de ánimo del pueblo madrileño. Pero el obispo no llegó a salir de Madrid, porque se impuso el criterio de que era fundamental retener en la villa a las personalidades más importantes, en calidad de rehenes. Comparados con los de la víspera, los sucesos eran incalculablemente más graves. El obispo Rojas se vio obligado a redactar un memorial de agravios, para el rey; un emisario partió hacia Aranjuez con el documento y el obispo quedó retenido en su casa Ante la impotencia de los soldados, el pueblo saqueaba almacenes de comestibles y cuarteles, abriendo de paso las puertas de las cárceles. La ciudad estaba en sus manos.
Pronto, en Aranjuez, el rey recibía el memorial. No lo dudó demasiado y despachó al mismo emisario con una carta para el pueblo de Madrid en la que se ratificaba en sus promesas y pedía calma y sosiego a la gente.
A las nueve de la mañana del día siguiente, el emisario llegaba a Madrid, donde se dio lectura a la carta del rey. Y bastó esta carta para devolver la calma a la ciudad. Ordenadamente, las armas fueron devueltas a los cuarteles, entre vivas al rey.
Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, tuvo que partir irremediablemente, muy a pesar del rey le costó desprenderse de su ministro. Por su parte, Esquilache escribiría a propósito del pueblo de Madrid: "Soy el único ministro que ha pensado en su bien: he limpiado la ciudad, la he pavimentado, he hecho paseos, he mantenido la abundancia durante años de carestía. Merecía una estatua y me han tratado indignamente." El desilusionado marqués fue recompensado con la embajada de Venecia.
La llegada a Aranjuez del pronto todopoderoso Conde de Aranda con las tropas de su Capitanía General de Valencia, tranquilizaron al monarca, pero ahora se iba a desatar otra lucha, la del poder, entre los "albistas" y los "ensenadistas". Otro día os contaré lo que pasó.
TAL DÍA COMO HOY DE...
1972, el calandino Luis Buñuel ganaba el óscar por su película Le charme discret de la bourgeoisie.
D. Luis, que había regresado al hotel L´Aiglon, en el Montparnasse parisino, volvió a trabajar para Serge Silberman, con el que ya había realizado "Diario de una camarera" (1963) y "La vía láctea" (1969). Una situación un tanto surrealista de una cena del productor en la que había invitado a varios amigos a cenar a su casa sin decirle nada a su mujer, teniendo él otra cena en otra parte, dio lugar a la película que ganó el óscar. Los invitados se presentaron en casa de Silberman con ramos de flores y se encontraron con que él no estaba y su mujer les abrió en bata y ya cenada. Se escribieron 5 guiones y el título se decidió en el parador de Toledo. Cuando fue nominada, unos periodistas mexicanos preguntaron al director aragonés que si creía que la película ganaría y Buñuel, con la somarda que le caracterizaba les contestó que sí, pues había pagado a los norteamericanos 25.000 dólares y eran gente de palabra. Los mexicanos se lo tomaron al pie de la letra y lo publicaron. El revuelo que se armó fue de tomo y lomo, pero las aguas se calmaron y consiguió la estatuilla.
La película se estrenó en Francia por la censura franquista. Abajo os he puesto una dirección por si deseáis visionarla, aunque está en francés.
http://www.bing.com/videos/search?q=el+discreto+encanto+de+la+burguesia&view=detail&mid=C2554E75231EC4467682C2554E75231EC4467682&FORM=VIRE
EL MOTÍN DE ESQUILACHE (4)
Estalla el motín.
El domingo de Ramos de 1766, dos embozados se paseaban con capa larga y chambergo en la plazuela de Antón Martín. Varios soldados que montaban guardia no tardaron en preguntarles por qué iban así vestidos. Quedó claro que iban así porque "les daba la gana". Los guardias trataron de detenerles, pero uno de los embozados desenvainó una espada, silbando al mismo tiempo. Al instante, apareció una banda armada y los militares se vieron obligados a huir. Había estallado el motín. Los amotinados entraron al cuartelillo de Inválidos de la Plaza y se apoderaron de sables y fusiles. A continuación, unas dos mil personas remontaron la calle Atocha hacia la Plaza Mayor, insultando al odiado Esquilache. El duque de Medinaceli tuvo la mala suerte de toparse con la multitud, que lo rodeó en el acto, exigiéndole que hiciese llegar al rey una serie de peticiones.
Finalmente, el duque llegó hasta Carlos III, que justamente se encontraba en compañía de Esquilache. El rey estaba tranquilo, convencido de que aquella vociferante multitud de la que le daban noticias no pasaba de ser un grupo de exaltados. Ignoraba, sin duda, que los amotinados estaban destruyendo sin piedad los 5.000 faroles que el ministro de Hacienda había colocado por toda la ciudad.
Los amotinados se dirigieron primero a la mansión de Esquilache (la famosa Casa de las Siete Chimeneas), acuchillaron a un servidor del marqués que intentó impedirles el paso. Echaron algunos muebles por la ventana y saquearon la considerable despensa. Luego se dirigieron a la casa de Grimaldi. Se limitaron ,a apedrearla y siguieron hacia la mansión de Sabatini. Esa noche, a manera de colofón, un retrato del marqués de Esquilache fue quemado en la plaza Mayor. Curiosamente, en Palacio se pensaba que al día siguiente los furores se habrían aplacado como por arte de magia.
Cuadro atribuido a Goya.
Pero el Lunes Santo, día 24, la situación se agravó. La tropa se vio desbordada por la multitud que, enardecida por la noticia de que Esquilache se encontraba en Palacio, junto al rey, emprendió una decidida marcha para presentar a Carlos III sus reclamaciones. Los amotinados llegaron pronto al Arco de la Armería de Palacio, que estaba defendido por tropas españolas y las odiadas valonas. Hubo disparos y una mujer cayó muerta, lo que enardeció todavía más, si cabe, a los furiosos amotinados.
Finalmente, el padre Yecla (o Cuenca) se destacó en calidad de representante popular y consiguió llegar hasta Carlos III con las peticiones del pueblo. El tono era imperativo. Si el rey no les escuchaba, "treinta mil hombres harán astillas en dos horas el nuevo palacio". Es difícil imaginar el estado de perplejidad que todo esto produjo en Carlos III. He aquí la lista de las exigencias populares:
- Que se destierre de los dominios españoles al marqués de Esquilache y a toda su familia.
- Que no haya sino ministros españoles en el Gobierno.
- Que se extinga la Guardia Valona.
- Que bajen los precios de los comestibles.
- Que sean suprimidas las Juntas de Abastos.
- Que se retiren inmediatamente todas las tropas a sus respectivos cuarteles.
- Que sea conservado el uso de la capa larga y el sombrero redondo.
- Que Su Majestad se digne salir a la vista de todos para que puedan escuchar por boca suya la palabra de cumplir y satisfacer las peticiones. (Continuará).
UN PERSONAJE POCO CONOCIDO DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA
Jacques Pierre Brissot de Warville es un personaje clave en la Revolución Francesa, aunque no muy conocido del público en general.
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