VIVENCIA
Cuando yo era estudiante de bachillerato en el Seminario Diocesano de Zaragoza, uno de los curas, el mayor de la comunidad, con un perfil propio del régimen que imperaba en aquella época en España, nos daba alguna que otra charla de contenido extracurricular y una de su conversaciones preferidas era el peligro del comunismo y el qué nos podría pasar si esta ideología le diese por expandirse a la fuerza y, además, dada la situación estratégica de Zaragoza y su base militar, el peligro al que estábamos expuestos si decidían enviarnos unos "pepinos", pues estábamos en el punto de mira de las fuerzas del mal. Las profecías de aquel pequeño "Nostradamus" nos hacían estremecer de horror y, luego lo solíamos comentar en los pasillos y otras dependencias con total sigilo, pues nos parecía que éramos como sabedores de una catástrofe anunciada que debíamos callar por prudencia.
El mundo estaba revuelto. En el 1962 se había producido la crisis de los misiles en Cuba (armamento ruso en la isla); la guerra de Vietnam estaba en pleno apogeo a final de la década y la "guerra fría", más latente que nunca. Razones estas para la preocupación, más en timoratos adolescentes que absorbíamos información sin reflexionar y creíamos todo a pie juntillas -como ahora algunos en las redes sociales-.
La situación actual me ha hecho pensar en estas afirmaciones del diminuto mosén y puedo concluir que no le faltaba razón, aunque ahora, los petardos pueden venir de cualquier parte.
J.I.D.

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