HOMENAJE A CERVANTES (18)


Sancho se ha quedado sin burro gracias al hurto del galeote  Ginés de Pasomonte, pero D. Quijote descubre una maleta con camisas y dinero y decide ir a buscar al dueño de la misma, con gran pesar de Sancho.

"Yendo, pues, con esta pensamiento, vio que por cima de una montañuela, que delante de los ojos se le ofrecía, iba saltando un hombre de risco en risco y de mata en mata con extraña ligereza: figurósele que iba desnudo, la barba negra y espesa, los cabellos muchos y rebultados, los pies descalzos y las piernas sin cosa ninguna; los muslos cubrían unos calzones, al parecer de terciopelo leonado; mas tan hechos pedazos que por muchas partes se le descubrían las carnes. Traía la cabeza descubierta, y aunque pasó con la ligereza que se ha dicho, todas estas menudencias miró y notó el Caballero de la Triste Figura; y no lo procuró aunque no pudo seguille, porque no era dado a la debilidad de Rocinante andar por aquellas asperezas, y más siendo él de suyo pasicorto y flemático. Luego imagino Don Quijote que aquel era el dueño del cojín y de la maleta, y propuso en sí de buscalle, aunque supiese andar un año por aquellas montañas hasta hallarle; y así mandó a Sancho que atajase por la una parte de la montaña, que él iría por la otra, y podría ser que topasen con esta diligencia con aquel hombre, que con tanta priesa se les había quitado de delante. No podré hacer eso, respondió Sancho, porque en apartándome de vuestra merced luego es conmigo el miedo, que me asalta con mil géneros de sobresaltos y visiones; y sírvale esto que digo de aviso para que de aquí adelante no me aparte un dedo de su presencia. Así será, dijo el de la Triste Figura, y yo estoy muy contento de que te quieras valer de mi ánimo, el cual no te ha de faltar aunque te falte el ánimo del cuerpo; vente ahora tras mí poco a poco, como pudieres, y haz de los ojos lanternas, rodearemos esta serrezuela, quizá toparemos con aquel hombre que vimos, el cual sin duda no es otro que el dueño de este nuestro hallazgo. A lo que Sancho respondió: Harto mejor sería no buscarle, porque si le hallamos, y acaso fuere el dueño del dinero, claro está que lo tengo de restituir, y así fuera mejor, sin hacer esta inútil diligencia, poseerlo yo con buena fe, hasta que por otra vía menos curiosa y diligente pareciera su verdadero señor, y quizá fuera a tiempo que lo hubiera gastado, y entonces el rey me hacía franco.
Engáñaste en eso, Sancho, respondió Don Quijote, que ya que hemos caído en sospecha de quién es el dueño,, y le tenemos casi delante, estamos obligados a buscalle y volvérselo; y cuando no lo buscásemos, la vehemente sospecha que tenemos de que él lo sea, nos pone ya en tanta culpa como si lo fuese. Así que, Sancho amigo, no te dé pena el buscalle, por la que a mí se me quitará si le hallo. Y así picó a Rocinante, y siguióle Sancho a pié y cargado, merced a Ginesillo de Pasamonte; y habiendo rodeado a parte de la montaña, hallaron en un arroyo caída, muerta y medio comida de perros y picada de grajos, una mula ensillada y enfrenada; todo lo cual confirmó en ellos más la sospecha de que aquel que huía era dueño de la mula y del cojín". (Continuará)

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