Para sacarnos del sopor estival, las gentes que se dedican a conformar la opinión pública lanzaron a los medios y las redes el debate sobre el burkini, una prenda que, al menos para mí, posee un carácter casi mitológico, pues nunca la he visto en la realidad, aunque he leído mucho sobre ella. Dicha prenda no es sino la expresión, una más, de cómo las religiones moldean los modos de vivir, vestir, mirar, de los individuos. No voy a entrar en el debate sobre el bañador en cuestión, ni sobre las imposiciones religiosas en el vestir. Quiero reflexionar sobre las imposiciones cotidianas que las religiones provocan, incluso en aquellos que somos ateos y pretendemos vivir al margen de las mismas. A eso me refiero cuando acuño el concepto de catolikini, al conjunto de prácticas que, de un modo suave pero tenaz, se nos imponen y que, como forman parte de la cultura dominante, no son vistas mayoritariamente como tales imposiciones.
Art. completo de Juan Manuel Aragües:
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/catolikini_1144139.html
(Colab. JMTP).

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