Durante el dominio español, había un lugar por donde solo los blancos podían transitar. Era solo “para los blancos”. El habla coloquial contrajo “para” dando “pa”, y la aspiración de la “s” (común también en algunas regiones españolas) hizo el resto, transformando la expresión en “pa lo blanco”. Y así se quedó. Era, además, lo que, por su seguridad, repetían los padres a sus hijos para que evitaran el lugar.
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