Felipe estaba hecho unos zorros, tenía dolorosísimas llagas en manos y pies y un absceso en la rodilla producido por la gota que le impedía moverse por el agudo y agónico dolor que le producía. Todo esto le obligaba a estar inmóvil en la cama y las heridas se le infectaron de tal manera, que despedían un olor pestilente, unido al de su incontinencia, lo que era para el pulcro rey un tormento inimaginable. Padecía, también, un fuerte dolor de cabeza y ojos impidiéndole dormir. Así estuvo 53 días. Mandó que trajeran ante sí sus reliquias favoritas, de modo que al pie de su cama, de cuya vera no se movió su hija Isabel Clara Eugenia, se fue formando un espectral espectáculo con “la rodilla entera con el hueso y pellejo del glorioso mártir San Sebastián”, un brazo de San Vicente Ferrer, una costilla del obispo Albano y otros fetiches de similar naturaleza. También incluyó crucifijos, sobre todo uno, el que portó su padre Carlos a su muerte. Pero lo más insólito fue el hacer traer a su alcoba hasta 9 cuadros de Hieronimus van Aeken, "El Bosco" que observaba minuciosamente preguntándose si él iría al cielo o al infierno. Sus últimas palabras fueron: ¡Ya es hora! Contaba 71 años de edad.
TAL DÍA COMO AYER...
Felipe estaba hecho unos zorros, tenía dolorosísimas llagas en manos y pies y un absceso en la rodilla producido por la gota que le impedía moverse por el agudo y agónico dolor que le producía. Todo esto le obligaba a estar inmóvil en la cama y las heridas se le infectaron de tal manera, que despedían un olor pestilente, unido al de su incontinencia, lo que era para el pulcro rey un tormento inimaginable. Padecía, también, un fuerte dolor de cabeza y ojos impidiéndole dormir. Así estuvo 53 días. Mandó que trajeran ante sí sus reliquias favoritas, de modo que al pie de su cama, de cuya vera no se movió su hija Isabel Clara Eugenia, se fue formando un espectral espectáculo con “la rodilla entera con el hueso y pellejo del glorioso mártir San Sebastián”, un brazo de San Vicente Ferrer, una costilla del obispo Albano y otros fetiches de similar naturaleza. También incluyó crucifijos, sobre todo uno, el que portó su padre Carlos a su muerte. Pero lo más insólito fue el hacer traer a su alcoba hasta 9 cuadros de Hieronimus van Aeken, "El Bosco" que observaba minuciosamente preguntándose si él iría al cielo o al infierno. Sus últimas palabras fueron: ¡Ya es hora! Contaba 71 años de edad.
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